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sábado, 18 de noviembre de 2017
 
 
Nuestro rol de Pareja PDF Imprimir E-Mail

El rol de pareja es uno de los roles fundamentales del ser humano y sin duda, el más difícil de mantener con mutua satisfacción a lo largo del ciclo de vida, que actualmente supera los 76 años (en 1900 no pasaba de los 48).

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Y, ¿cómo definimos un “rol”?

Como “una serie de capacidades, vínculos y conductas complementarias con otra persona con la cual interactuamos en dicha condición”. Por ejemplo, el de maestro y alumno. De cada uno se espera que satisfaga las mutuas expectativas. En el que nos interesa aquí, lograr y disfrutar de una relación íntima, compartiendo el amor y la intimidad, crear una familia propia y educar juntos a los hijos representan una de las mayores aspiraciones del ser humano. En la realidad, esta convivencia puede ser tanto una fuente de afecto y armonía, como de sufrimiento.

Normalmente, este rol se evidencia a partir de la entrada en la adolescencia, pero sus rudimentos comienzan en la temprana infancia, sobre la base de los intercambios y aprendizajes con los pares, hermanos y otros familiares y allegados.

Nuestras estadísticas en 10 países occidentales, a lo largo de más de 40 años de ejercicio como psicoterapeutas y capacitadores, arrojan los siguientes resultados, que serán publicados en mayor detalle en un libro en preparación sobre el tema:

• Sólo un 30% de los matrimonios perdura en forma armónica luego de los 15 años de convivencia.

• Del 70% restante, alrededor de la mitad se separa o divorcia. La otra mitad sigue conviviendo, por razones religiosas o sociales, falta de recursos económicos o temor a la soledad. Muchos de ellos lo justifican alegando los posibles perjuicios para sus hijos en caso de interrumpirla.

• Más de la mitad de los esposos y alrededor de un 30% de las esposas mantienen alguna relación extramatrimonial, esporádica o constante.

Actualmente, por lo menos en Buenos Aires, un elevado porcentaje de parejas opta por la convivencia, sin matrimonio civil ni religioso, para evaluar la misma y prevenir la ruptura. Luego de diversos lapsos de tiempo, continúan juntos en la misma forma, se casan o se separan.

¿A qué se deben esos resultados poco alentadores, tanto para los matrimonios y sus hijos, como para la sociedad en general? ¿Cómo aumentar nuestras probabilidades para una convivencia mutuamente satisfactoria y feliz?

Acorde a nuestra orientación humanística y positiva, centrada “en lo que falta para estar bien” en lugar de “qué está mal” hemos observado, siguiendo la orientación de Abraham Maslow, a los matrimonios exitosos—ese 30% que a largo de los años siguen juntos porque lo disfrutan, logrando ambos lo que necesitan.

¿Cómo lograron esto y qué los diferencia del restante 70%? ¿Se debe a la suerte, al destino, a la casualidad? ¿O, en una veta más romántica y hollywoodense, al amor a primera vista que perdura a través del tiempo?

Lo que caracteriza principalmente a ese exitoso 30% no es, acorde a nuestras observaciones, ninguno de esos factores ilusorios, sino una serie de las llamadas “habilidades” o “competencias sociales”, cuya presencia verificamos en esos matrimonios:

• Toma de decisiones y resolución de problemas en conjunto y a mutua satisfacción (sólo presente en forma muy frecuente en el 15% de la muestra. En el restante 15% del 30% que se lleva armoniosamente, uno de los cónyuges “lleva la batuta” habitualmente y el otro lo acepta. Como esto no genera conflictos, el matrimonio continúa) Cada miembro es conciente de sus Criterios Obligatorios (indispensables para la convivencia) y Deseables (no indispensables pero que enriquecen la misma).
Dichos Criterios son actualizados a lo largo del ciclo de vida por ambos miembros. Ejemplo de Criterio Obligatorio para un elevado porcentaje: Fidelidad conyugal (para otros es sólo Deseable). Otros: Compartir la misma religión u orientación política, trabajar juntos, etc. Los temas más habituales incluidos en estos intercambios racionales son: El manejo del tiempo, del dinero, la educación de los hijos, la forma y frecuencia de las relaciones sexuales, los limites con los familiares, el lugar y tipo de residencia, la colaboración en las tareas del hogar, los viajes por trabajo o estudio, las diversiones, los cuidados recíprocos en caso de enfermedades o accidentes.

• Apoyo recíproco para las actividades del otro miembro y pequeñas gentilezas diarias. Esto cobró mucha mayor importancia en vista de los nuevos roles de la mujer a partir del siglo XX ( trabajo remunerado y estudios superiores).

• Expresión y aceptación mutua de emociones auténticas.
• Intercambio de “caricias positivas” (afecto, reconocimiento por logros, elogios).

• Pedir lo que se necesita del otro en forma directa y cordial. Asimismo, pregutar por lo menos cada 15 días qué necesita la otra persona y en lo posible satisfacerlo.

Estos no son los únicos requisitos para la armonía conyugal a largo plazo, pero sí los más necesarios. Y aunque sólo un 15% de la población entrevistada dispone de estas habilidades sociales (en su gran mayoría lo aprendieron de sus padres), potencialmente todos pueden aprenderlas si están dispuestos, en los seminarios para parejas o la psicoterapia, en plazos relativamente breves, empleando las técnicas eficaces de las recientes ciencias del comportamiento.

Aquí enumeramos los 9 Vínculos positivos más significativos para este rol.
Los mismos pueden ser expresados también como transacciones habituales entre los estados del Yo Padre, Adulto y Niño de cada participante, en el lenguaje del Análisis Transaccional.
Marque para cada uno lo que mejor describa su situación actual. Pídale a su cónyuge que llene también este cuestionario y luego comparen sus resultados. Esto puede dar lugar a una mejor comunicación, pero en ocasiones también a discusiones por sentirse uno o ambos miembros injustamente calificados o por tomar conciencia de necesidades insatisfechas.
Este ejercicio complementa a lo descrito en la página anterior como factores de éxito matrimonial. Si lo desea puede sumar los puntajes. Aun no disponemos de estadísticas para cotejar sus resultados. Las publicaremos cuando se hayan realizado.



Las Etapas del Sexo

Extensión del vínculo No. 8 del cuestionario anterior Helen Kaplan (“Manual de terapia sexual, Grijalbo, Barcelona, 1982) describe 6 etapas en la relación sexual.

1. Deseo

Es la percepción de la necesidad de satisfacerlo. Se manifiesta como fantasías, imágenes sensoriales internas y sensaciones físicas corporales. Su disminución o ausencia puede deberse a depresión, enfermedad física, fatiga, stress excesivo, conflictos o resentimiento con la pareja sexual, interés por otro, culpa, etc.

2. Placereamiento

Juego amoroso, caricias físicas previas al acto, palabras de seducción y afecto, intimidad emocional. Muchos hombres y en menor proporción por su educación, mujeres, tienen dificultades en expresarse en esta etapa. Otros no saben cómo estimular a su compañero/ a, o tienen vergüenza en solicitarlo.

3. Excitación

Erección en el varón, lubricación genital en la mujer, además de otros cambios fisiológicos concomitantes. Los hombres suelen excitarse más rápidamente y llegar al climax y en una proporción bastante alta, no se dedican lo suficiente para producir la excitación en la mujer. Las mujeres en general demoran más para llegar a la excitación plena y pueden tener orgasmos múltiples o una curva de resolución más prolongada luego del orgasmo. Es importante que ambos conozcan estas diferencias de género para disfrutar plenamente sus relaciones.

4. Penetración y estimulación

La duración de la estimulación necesaria para producir el orgasmo varía según los individuos y tiene relación con el grado de excitación alcanzado en la etapa previa.

5. Orgasmo

Aunque no siempre lleguen ambos a esta culminación, es positivo valorar las etapas previas en sí. En este momento se produce una pérdida temporaria de la identidad, con una profunda fusión entre las dos personas. Algunos temen esta pérdida de los límites de su Yo y por eso se resisten a la sensación plena. Es también frecuente que, al no eyacular, la mujer pueda fingir que gozó, para no frustrar a su compañero. Hasta la primera mitad del Siglo XX, una elevada proporción de las esposas, tal vez cercana al 50%, no alcanzaba habitualmente este estado. Posteriormente, debido a la mayor permisividad de las normas y legislación, los medios masivos, anticonceptivos más eficaces y la creciente autonomía económica y social del sexo femenino aumentó esta proporción. No debe olvidarse que los roles tradicionales del género femenino consistían en brindar placer al esposo ( no en recibirlo), en criar los hijos y las tareas del hogar.
Aunque el marido no supiese estimularla, las fallas en la relación siempre debía asumirlas ella. En cambio, el hombre le brindaba protección económica y física.
Además, las mujeres ligan mucho más el sexo al afecto y al trato galante que los hombres, atraídos más por lo visual.

6. Resolución y nuevamente intimidad afectiva

Una vez alcanzado el climax, resurge (o por lo menos es deseable que así sea) el afecto mutuo, reemplazando a la pasión sensorial... una forma de agradecimiento por el placer brindado y un nuevo encuentro emocional sin reservas.

Bibliografía

• Berne, Eric: “Hacer el amor” Alfa Argentina, Buenos Aires, 1975 / versión en inglés: “Sex in human loving”. Simon & Schuster, Nueva York, 1970.

• Kerman, Bernardo: “Motivaciones en la elección de pareja” Publicación interna del Instituto Privado de Psicología Médica (IPPEM), Buenos Aires, 1982.

• Kertész, Roberto, Atalaya, Clara e Induni, Guillermo: “MODA: Monitor de Autodiagnóstico”, Ed. Conantal, Buenos Aires, 1979.

• Kertész, Roberto y Kertész, Adrián: “Plan de Vida”. Editorial IPPEM, Buenos Aires, 1994.

• Kertész, Roberto: “Cuestionario de Autodiagnóstico de Inteligencias Múltiples” (publicación interna de la Universidad de Flores, 1996), en “Análisis Transaccional Integrado”, Kertész, Roberto, Atalaya, Clara y Kertész, Adrián, 3ra. edición, IPPEM, Buenos Aires, 2003.

• McKay, Matthew, Fanning, Patrick y Paleg, Kim: “Couple skills”. New Harbinger, Oakland, 1994.

• Maslow, Abrajam: “Toward a Psycholoogy of being”. 2da. edición, D. Van Nostrand, Nueva York, 1868.

• Maslow, Abrajam: “The farther reaches of human nature”. Viking, Nueva York, 1972.

• Stuart, Richard B.: “Helping couples change” . Guilford, Nueva York, 1980.

 
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